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La cultura sidrera asturiana: tradición viva y Patrimonio Cultural Inmaterial

Descripción

La sidra obtuvo este reconocimiento por parte de la Unesco el pasado 4 de diciembre gracias a los más de veinte años de trabajo del historiador Luis Benito García

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Ficha

  • Autor: María S. Condado
  • Fuente: La Voz de Asturias
  • Fecha: 31 de julio de 2025
  • Clasificación: 2.1. Sidra
  • Tipo documento: Prensa
  • Fondo: Sagardoetxea fondoa
  • »
  • Código: NA-017763

Texto completo

a sidra es fiesta y tradición, pero también cultura. El pasado 4 de diciembre, la Unesco incorporó la cultura sidrera asturiana a su lista de Patrimonio Cultural Inmaterial, un logro que ha sido fruto de más de veinte años de trabajo e investigación, y que ha supuesto un cambio en la percepción y el reconocimiento mundial de este producto típico del Principado.

La cultura sidrera asturiana se ha convertido, a lo largo de los siglos, en un sello de identidad de la región. Todo lo que rodea a la bebida más emblemática de Asturias merece ser salvaguardado en interés de la comunidad internacional y preservado para las futuras generaciones por sus numerosos rasgos de originalidad. Para Luis Benito García, historiador en la Universidad de Oviedo e impulsor de la candidatura ante la Unesco, «la sidra es una cultura milenaria, una cultura viva, que ha sabido evolucionar, adaptarse y sobrevivir con éxito».

En el año 2003, se creó la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Inmaterial y, tan solo dos años después, Luis Benito García tuvo la oportunidad de participar en el fórum de la Unesco celebrado en Newcastle, gracias a su tesis doctoral centrada en la cultura tradicional asturiana y gracias también a sus estudios previos sobre la historia general de las bebidas. Fue en aquellas jornadas cuando el lavianés se dio cuenta de que «la sidra cumplía todos los requisitos con creces» para convertirse en Patrimonio Cultural Inmaterial. Desde ese momento, Luis Benito inició todos los trámites para lograr que la cultura sidrera asturiana se incorporara a la lista de la Unesco.

Pero el proceso no fue sencillo. Desde aquella primera propuesta pasarían casi veinte años hasta conseguir el objetivo final. «Esperé a defender la tesis y, cuando finalmente lo hice, les planteé a la Asociación de Lagareros esta posibilidad», recuerda el historiador. Tras aceptar la propuesta, comunicaron su idea a Aurelio Martín, consejero de Medio Rural en aquel entonces. En ese momento, García comenzó una fase postdoctoral centrada en la sidra y manzana en Asturias: sociabilidad, producción y consumo, «desde la Guerra Civil hasta la actualidad».

En el año 2011, la candidatura sufrió un parón que se prolongó hasta el 2013, momento en el que fue retomada de la mano de Tomasa Arce, directora general de Agroalimentación, y cuando se empezó a llevar a cabo la realización del expediente BIC—Bien de Interés Cultural—. «Es uno de los requisitos que tenemos en España para llevar una candidatura a la Unesco». En el año 2014, y a pesar de los logros conseguidos, la candidatura sufrió un nuevo parón, esta vez «más dramático; se alargó casi cuatro años, hasta el 2019», apunta García.

Tras elaborar el informe, cumplir con todos los requisitos y elaborar un vídeo de presentación de la mano de Where is Asturias, «llegó el momento más difícil: el Consejo Histórico del Patrimonio Nacional. Es decir, convencer al resto de comunidades autónomas de que nuestra candidatura es adecuada», explica Luis Benito. Sin embargo, no resultó excesivamente complicado, «gracias a un informe bien elaborado». Aún así, pasar a formar parte de las candidaturas de la Unesco no es tarea sencilla para países como España, Italia o Francia, ya que se le da prioridad a la evaluación de las candidaturas provenientes de África y América Latina.

Pero en 2023, la cultura de la sidra asturiana consiguió formar parte de las cincuenta y cinco candidaturas aceptadas ese año por la Unesco. Aunque no fue hasta el 4 de diciembre de 2024, Día de Santa Bárbara, cuando el Comité Intergubernamental para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, reunido en Paraguay la declaró finalmente Patrimonio Inmaterial de Humanidad. «Una fecha que, para alguien como yo, de familia minera, tiene doble significado», apunta García.

Más allá de una simple bebida, una vida de tradición

Este reconocimiento no solo pone en valor la importancia de la cultura sidrera, sino que, para Luis Benito supuso una gran «satisfacción personal tras veinticinco años de trabajo y veinte años trabajando en la candidatura». A nivel regional, este reconocimiento permite que «se siga investigando y conociendo esta cultura». Además, este título supone un beneficio económico para todos los sectores ligados a la cultura sidrera asturiana: «desde los elaboradores, hasta los sector hosteleros, a los cosecheros y también al turismo», siempre y cuando, apunta el historiador, «se gestiono con cabeza».

Aunque para Luis Benito aún queda un paso más: llevar la cultura sidrera a los niveles educativos. «Hay que llevarlo a la escuela, a la juventud o a la niñez de hoy. Hay que conseguir que cuando se inicien los hábitos de consumo de bebidas se vea natural pedir una botella de sidra y no una cerveza o un refresco carbonatado. Que sea algo identitario nuestro, que sea beneficioso y que se recupere en la región. Me parece algo básico y es por lo que llevo apostando todos estos años».

«Es un producto que sigue vertebrando todas nuestras relaciones sociales con ocasiones que son únicas de la cultura sidrera»
La cultura sidrera va más allá de una simple bebida. La sidra es solamente la cara visible de una cultura llena de tradiciones y rituales. «La identificación de la comunidad portadora de la cultura de los asturianos con la sidra es innegable», señala Luis Benito. «Hay una serie de conocimientos y técnicas ancestrales que se transmiten de generación en generación. Además, se ha creado un vocabulario propio de base popular y asturiano en torno a la sidra. Es un producto que sigue vertebrando todas nuestras relaciones sociales con ocasiones que son únicas de la cultura sidrera, como las espichas».

La sidra aparece citada en Asturias en la diplomática medieval desde el siglo VIII, lo que ha llevado a algunos expertos a concluir que tanto el cultivo del manzano como la técnica de elaboración se podrían remontar a unos 2.000 años atrás. Asturias es además la única comunidad que ha generado tipismos como el escanciado: el brazo extendido, por encima de la cabeza, y el líquido rompiendo en el fino vaso de cristal se ha convertido en una marca de identidad del Principado y su gente.

El Principado registra también el mayor consumo de sidra por persona del mundo. Además, el grado de identificación que los asturianos mantienen con la cultura sidrera hace que las tradicionales asociadas a ellas, continúen estando vivas con el paso de los siglos y que no hayan sucumbido frente a una sociedad de consumo que arrasa con los productos tradicionales. La cultura sidrera se deja sentir además en las celebraciones y, con el tiempo, ha dado paso a la creación de certámenes de escanciado, a batir récords mundiales y a la celebración de mercados específicos de este tradicional producto.

Requisitos para ser Patrimonio Cultural Inmaterial

El patrimonio cultural va más allá de los monumentos o las colecciones de objetos. Según expresa la propia Unesco, «las tradicionales o expresiones vivas heredadas de nuestros antepasados» también forman parte de esta categoría. Pero ¿qué requisitos son imprescindibles para formar parte de este selecto grupo? ¿Cuáles son los puntos a los que tuvo que hacer frente la cultura sidrera asturiana para ser considerada Patrimonio Cultural Inmaterial? La página web de la Unesco da una respuesta clara.

El Patrimonio Cultural Inmaterial debe tener un componente clave de tradición, contemporaneidad y que esté viviente a un mismo tiempo. No se trata solo de tradiciones, también incluye usos rurales y urbanos contemporáneos característicos de diversos grupos culturales. El patrimonio cultural debe tener además un componente integrador, debe haber evolucionado en respuesta a su entorno, contribuir a infundir un sentimiento de identidad y «vincular el pasado con el futuro, a través del presente».

Los patrimonios culturales inmateriales florecen en las comunidades y dependen de aquellos cuyos conocimientos de las tradiciones, técnicas y costumbres se transmiten al resto de la comunidad, de generación en generación, o a otras comunidades. Por último, deben estar basados en la comunidad y ser reconocidos por los grupos o individuos que lo transmiten a través del tiempo. Estos son los estándares que Luis Benito supo reconocer en la cultura sidrera en el 2005 y que ahora, casi veinte años después, la han llevado a obtener el conocimiento mundial que se merece.