Sagardoaren lurraldea

La agricultura y ganadería en Guipúzcoa. Acción del Sindicato "Alkartasuna". Discurso de don Vicente de Laffitte

Descripción

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Ficha

  • Autor: Vicente Laffitte
  • Fuente: Revista Euskal-Erria
  • Fecha: 1906-01-01
  • Clasificación: 1.2. Enfermedades y plagas
  • Tipo documento: Revistas
  • Fondo: Sagardoetxea fondoa
  • »
  • Código: NA-002944

Texto completo

Por la importancia que reviste, publicamos á continuación el notable discurso pronunciado por el presidente del Sindicato Agrícola guipuzcoano «Alkartasuna», don Vicente de Laffitte, en la reunión general celebrada el 28 de Octubre último por dicho organismo. «Señores: La interesante Memoria que acaba de leer nuestro activo secretario pone bien de manifiesto, mejor que cuanto pudiera yo expresaros, la labor practicada por este Sindicato durante los pocos meses que lleva de existencia. Seguramente que dicha labor hubiera podido ser más fecunda y nuestra sociedad haber tomado mayor incremento que el que naturalmente tiene, pero dadas las dificultades inherentes á toda sociedad en gestación y á lo poco desarrollado que se encuentra entre nuestros labradores el espíritu de asociación, nos ha sido materialmente imposible el hacer más de lo poco que hemos hecho en pró de tan excelente y bienhechora obra. Es preciso que se vayan persuadiendo tanto propietarios como colonos, de que para que la agricultura prospere de una manera eficaz en nuestro país, precisa que vivan en una atmósfera muy distinta á la que hasta el presente han vivido Sometidos. Es necesario acabar de una vez con ese espíritu mezquino, retraído, más ó menos desconfiado que impera entre nuestros colonos y que se convenzan que para lograr algo práctico y útil se impone la solidaridad más estrecha y el mancomunamiento en todas las voluntades para disipar esos infundados recelos que oponen los labradores á toda invasión. Las ideas corren la misma suerte que las simientes, unas fructifican y otras fenecen; pero el temor en que puedan perderse no debe nunca detener la mano del sembrador. Las buenas siempre triunfan de los numerosos obstáculos que se oponen á su paso. La nuestra ha germinado ya y de esperar es que en breve dé abundantes y lozanos frutos. Permitirme ahora una ligera disgresión para insistir de nuevo en lo que son los Sindicatos agrícolas con el objeto de subsanar el desconocimiento que existe entre nuestros labradores sobre el fin de esta clase de asociaciones. Llamamos Sindicatos agrícolas á la reunión de propietarios, colonos y usufructuarios creada con el fin de defender los intereses colectivos. Los Sindicatos agrícolas han transformado los procedimientos de cultivo, han iniciado á los más modestos cultivadores en los fecundos descubrimientos de la ciencia moderna y han resuelto el problema de poner á la disposición de todos sus miembros los medios de acción del gran cultivo, aumentando de este modo la producción y haciéndola menos onerosa. Han elevado la condición de las clases rurales modificando Principalmente han revelado á la gente del campo los recursos casi inagotables de la cooperación y la mutualidad, los derechos y deberes de la solidaridad, agrupando las diversas categoríasç del mundo rural, principalmente propietarios y colonos, para ejercer una acción combinada en provecho de los intereses colectivos, redundando en favor de los más modestos el capital, el crédito, los conocimientos y la influencia de los más poderosos, para corregir las desigualdades sociales por medio de la ayuda mútua. En la esfera de la cooperación agrícola aparece siempre reinando el ideal de la armonía, del mútuo apoyo y del afecto recíproco entre sus individuos, quienes marchan necesariamente unidos y compenetrados en sus aspiraciones y tendencias. profundamente sus hábitos y costumbres. En nuestros días las masas rurales tienen ya conciencia de sus fuerzas y ya no confían todo á la Divina Providencia como lo hacían antaño. Se han convencido ya de la verdad de aquel refrán que dice: «A Dios rogando y con el mazo dando». Jamás el Estado con todas las influencias y recursos de que dispone podría hacer progresar la agricultura, transformar sus métodos, mejorar la condición de los pequeños cultivadores, como la practican los Sindicatos fundados por algunos hombres de buena voluntad y gran amor á la agricultura. La obra social de los Sindicatos no solamente es material sipo también moral, pues tiende á mantener y extender la pequeña propiedad, á consolidar la familia rural, á apegar á los cultivadores á la tierra aumentando su bienestar, á combatir la miseria, á asegurar socorros á enfernos y ancianos, á restablecer la paz y la armonía entre propietarios y colonos y criados. Man dacio además á las clases rurales una organización que les faltaba y les han enseñado á tener una concepción más elevada en sus derechos y deberes así que del papel que les pertenece en el Estado. Los Sindicatos agrícolas conservan y desarrollan las hermosas virtudes rurales, el amor á la noble profesión agrícola, el apego al suelo natal y el respeto á la familia. Interesa muy vivamente á la agricultura vascongada mantener el actual estado social de las fincas rústicas, pues la vida del caserío es la genuina representación de la vida de familia. En el mismo, todos los miembros de la familia, chicos y grandes son útiles; lo mismo se aprovecha de las nacientes fuerzas de los niños que de las decadentes de los ancianos, dedicándolos á unos y otros á cuidar de las criaturas, el ganado que pasta, las aves de corral ó á cultivar algún rincón de la huerta. Cuando la desgracia llama á la puerta bajo la forma de accidente ó enfermedad sufren en silencio y con estoica resignación estas penas y sólo en último extremo apelan á la caridad de los vecinos ó del amo. Al abandonar la familia rural el campo por las poblaciones ó centros fabriles, experimenta una transformación profunda, pierde su cohesión, pierde su afinidad, sus individuos se dispersan inmediatamente, cada uno sigue su camino. y se comprende, pues los alquileres de las habitaciones urbanas son caros y éstas carecen de espacio para albergan á tanta gente. Las industrias modernas al congestionar las poblaciones y centros fabriles con esas masas humanas, han dado origen á esas fermentaciones sociales y han puesto sobre el tapete problemas que eran ignorados en el campo. El obrero urbano no quiere esperar de un mundo mejor la compensación el premio de las calamidades y desdichas que á todos nos alcanza aquí abajo. Echa la culpa de su deplorable situación al orden social y clama por las reivindicaciones colectivas, y lejos de resignarse á sufrir con calma los males inherentes á nuestra existencia, reclama sin cesar medidas inmediatas que pongan un término rápido á su malestar. Se impone pues, un remedio inmediato, enérgico y eficaz para descongestionar las ciudades, evitar el empobrecimiento de los campos, impedir el éxodo rural y dar nueva savia, nueva vida al campo, pues de lo contrario vereis cómo surge tarde ó temprano con extraordinaria gravedad el conflicto social en las poblaciones, porque de los campos, si no se les protege como á las capitales, ha de huir todo el inundo; huirán los propietarios, qué digo huirán huyeron ya como lo demuestran esos vetustos muros adosados á los humildes caseríos y que en otro tiempo fueron mansiones señoriales; huirán también los colonos, porque no tendrán de qué vivir, y acudirán á las ciudades á mendigar un jornal, á hacerse una Competencia ruinosa entre braceros, viéndose expuestos á que si un día, por cualquier desdichada circunstancia, les viniese á faltar el jornal, á morirse de hambre, porque no tienen como en el campo el recurso de vivir directamente de los productos de la tierra. Urge, pues, atender á nuestra parte rural, abriendo nuevas vías de comunicación para que los caseríos que carezcan de ellas puedan dar salida á sus productos, entretener mejor de lo que están los caminos vecinales y proteger nuestras cosechas de los frecuentes ataques. á que se ven expuestas por los salteadores del campo. Antes estos señores se contentaban con llevar en sus pañuelos algunas manzanas y hortalizas, ahora practican su lucrativa industria en sacos y si continúa la actual impunidad lo hará en breve en carros y en cuadrilla. No hace todavía muchos días que uno de esos «licharreros», como los llaman nuestros caseros, se llevó de uno de los caseríos de los alrededores de esta ciudad una colmena. Precisa, pues, que cese el actual estado de cosas y se organice la guardería rural para evitar tan frecuentes ataques á la propiedad privada. No hay que olvidar tampoco que si San Sebastián tizne una preciosa parte urbana que es la admiración de propios y extraños, tiene también una extensa zona rural en Ia cual se encuentran diseminados en pintoresco consorcio más de 500 caseríos, que albergan muy cerca de 4.000 habitantes que han contribuído con su honrado trabajo á crear la perla del Cantábrico, y sólo por ello, sin contar que son tan contribuyentes como los demás vecinos, son acreedores á la estima, consideración y apoyo de nuestro celoso Ayuntamiento. La obra social de los Sindicatos es de paz, armonía y concordia; no solamente entre los agricultores, sino en todos los órdenes sociales, es como un rayo de luz que viene á disipar las siniestras nubes de horror y miseria que se ciernen amenazadoras sobre el obscuro horizonte de nuestros campos; porque, señores, la depreciación de los productos agrícolas es cada vez más evidente. Los cereales apenas si pueden luchar con sus similares de América y Oceanía; lac cosechas de manzana disminuyen de año en año, gracias á las enfermedades ocasionadas al manzano por el gorgojo ó autónomos y el pulgón lanijero, amén de otras enfermedades criptogámicas y bacterianas que están acabando con nuestro primer árbol frutal cuyas mejores especies ó han desaparecido con pasmosa rapidez y desaparecerán todas si no se toman medidas urgentes y radicales para atajar el mal. La misma ganadería que ha sido estos últimos años nuestra panacea está seriamente amenazada por la importación cada vez más creciente del ganado argentino y la baja del cambio. Este problema de la ganadería es uno de los que más deben interesar á la agricultura vascongada. La riqueza pecuaria de nuestra provincia es demasiado importante para que se haga caso omiso de la misma. Guipúzcoa cuenta con más de 80.000 vacas que representan una densidad de población de 40 cabezas por kilómetro cuadrado, es decir, algo más que Francia. No voy á hacer aquí un estudio de las diversas razas de ganado vacuno que mejor pudieran adaptarse á la región ni decidir si el sistema de selección ó el de cruzamiento ó la adopción de los dos sistemas á la vez es lo que más conviene al país. Quédese esto para los Congresos agrícolas en los cuales pueden y deben desarrollarse estos temas con gran lucidez y cada cual aportar los conocimientos y las observaciones prácticas obtenidas en sus establos para solucionar el problema. Nos limitaremos á manifestar que para lograr la mejora del ganado vacuno es indispensable aumentar la producción de pastos y forrajes y mejorar la calidad de los mismos, lo cual se consigue con el empleo de abonos químicos, muy singularmente las escorias de disfoforación solas ó mezcladas con las materias potásicas en aquellas tierras que falta este Ultimo elemento y los forrajes deben ir aumentándose con el cultivo de la remolacha forrajera variedad medio azucarada, nabo, y los prados artificiales de trébol, alfalfa y arbeja forrajera, asociada al centeno y haba. El deplorable sistema de nuestros caseros de hacerse de mas ganado que el que pueden alimentar en sus heredades y querer sacar todo el jugo posible del mismo exprimiéndolo como se exprime una esponja, es completamente contraproducente. Pretender obtener de una vaca leche, trabajo y carne en buenas condiciones, es pedir un imposible; nadie puede dar más de lo que tiene, y de una dispensa no se puede sacar lo que no contiene. Alimentar amplia y sustancialmente al ganado, dedíquese éste á fuerza, de cebo ó leche, es el punto en partida de toda producción racional, inteligente y abundante, No hay que olvidar que vale más alimentar bien una vaca que mantener dos mal. La misma cantidad de forraje consumida por 10 vacas produce más leche que si se alimentan con el mismo 15 ó 20 de éstas. Es evidente que si el pasto que comen 20 vacas se da á 10, éstas producen tanto ó más estiercol, porque están superabundantemente nutridas, siendo además el estiercol de mejor calidad. Las reses bien cuidadas y mantenidas siempre comen con más regularidad, viven sanas y no están expuestas a los accidentes que atacan a las hambrientas. Si una res flaca experimenta algún accidente puede considerarse como totalmente perdida. A menos reses, menos capital invertido, menos cuidados, menos eventualidades y mayor el producto neto de las mismas, es decir, economía de trabajo y de dinero. Hoy no es posible cultivar la tierra como hace cincuenta años pues dado el elevado valor de la propiedad rústica por una parte y lo subido que son los jornales por otra, se impone una modificación profunda en nuestras costumbres agrícolas Hay que empezar por repoblar los montes incultos, campaña que con tanto acierto ha emprendido nuestra celosa corporación provincial, y dedicar aquéllos que son aptos para ello á pastos y prados artificiales, reservando para el cultivo intensivo y el de huerta las buenas tierras y las vegas de aluvión. La creación de los Sindicatos agrícolas es una medida necesaria para salvar la agricultura de la postración en que se halla actualmente sumiREVISTA da. Ahora mismo se está notando la necesidad de semejantes instituciones en toda la provincia. La Caja de Ahorros Provincial, esa benéfica institución que tanto bien está haciendo á la provincia, ha tenido la noble y generosa idea, en vista de la pertinaz sequía que ha agostado nuestros campos, de venir en ayuda de los agricultores, proporcionándoles, en excelentes condiciones, pastos y forrajes para su ganado. Pues bien, si hubieran existido Sindicatos por los pueblos de la provincia, nadie mejor que éstos hubieran podido llevar á la práctica, tan feliz idea, pues nada hay más práctico que esas instituciones, creadas libremente por la iniciativa privada para resolver las cuestiones agrícolas; se desarrollan expontáneamente porque están animadas de una vida autónoma. Uná monos, pues, sindiquémonos, fun demos fed e racion es agrícolas mutualistas y cooperativas, estrechemos nuestras relaciones en aras del bien recíproco, y no olvidemos aquella célebre divisa antigua « ¡desventurado del hombre solo! » Es necesario asociarse, es necesario quererse en vez de aislarse y odiarse. El odio es infecundo, es mortal; sólo el amor y el cariño por el prójimo son creadores. A todas esas declamaciones furiosas, á todas esas revindicaciones tan en boga en nuestro tiempo, opongamos la caridad cristiana, el amor y el cariño fiiantrópico y humanitario por los desgraciados, por los humildes y por los desheredados de la fortuna. ayudarnos en la difícil tarea que nos hemos impuesto, pues el coadyuvar á nuestra obra, colaboran al bienestar y prosperidad de nuestro hermoso país, por cuyo engrandecimiento todos sus hijos debemos estar dispuestos á los mayores sacrificios. » Todos los que amen este país querido, tienen el sagrado deber de